E-transformation, de La Ide@ al negocio (I)

E-transformation, de La Ide@ al negocio (I)

Introducción:

Tras la resaca de los primeros años locos de internet, y la posterior “recesión” del sector, aún plagada de incertidumbres, nos encontramos en una nueva fase del fascinante negocio tecnológico. A pesar de los augurios, nos gustaría pensar que es ésta una nueva época en la que se han racionalizado, de forma muchas veces traumática, el sector en general, así como actores y propuestas de negocio en particular. Por ello, tenemos la convicción de que se abre ante nosotros no sólo una nueva etapa, sino la madurez casi prematura del sector tecnológico en nuestro país. Y esto nos llena de optimismo.

En aquellos años 96, 97, etc….hablábamos de “chifles”, ideas producidas por grupos heterogéneos de amigos, colegas, DJ´s, artistas, programadores, etc en trasnochadas y no censuradas sesiones de “brainstorming” de donde salían toda suerte de ideas, locuras y posibilidades que rara vez se llevaban a la práctica en su totalidad, pero que constituían un semillero fértil de nuevos conceptos y posibilidades de negocio.

Actualmente, aquella gente, la que sigue con nosotros en este sector, ha tenido que enfrentarse a la dura realidad de los negocios (en algunos casos por primera vez, recordemos que hablamos de gente en su mayoría muy joven en aquel entonces) y adaptar sus “chifles” a baremos de rentabilidad pura y dura. El romanticismo de la creatividad pura ha dado paso a una generación de trabajadores que, mediante MBA´s, sudores, lágrimas y risas se han adaptado a los preceptos del nuevo mercado. Nos hacemos mayores.

Tengo una idea.

La intención de este artículo, lejos de ofrecer una teoría infalible para hacerse rico con una idea, es la de ofrecer una visión panorámica (y en algún caso hasta autobiográfica) de los pasos necesarios para transformar una buena (¿?) idea en una realidad concreta y rentable de negocio desde la perspectiva de la agencia de servicios plenos. De hecho, si tuviéramos todas las respuestas no estaríamos escribiendo este artículo….

La capacidad de generación de ideas es inherente al ser humano. Salvo excepciones, el grueso de la población es capaz de generar ideas (buenas, malas, perversas, delirantes, etc…). Lo que distingue a una persona de otra en este sentido, es la capacidad de convertirla en realidad. Un empresario es una persona con idea/s y dinero (propio o ajeno) y una serie de habilidades que le han permitido llegar a serlo. Por supuesto no todos los empresarios ni las ideas son iguales, quizá la diferencia entre contar con posibilidades de éxito y lo contrario, reside en la metodología con la que nos enfrentamos a nuestras propias (o ajenas) ideas.

En todo caso, uno, como generador de ideas de negocio, ha de estar preparado para coger su idea, desgranarla, diseccionarla, maltratarla, someterla a criterios ajenos (y hasta hostiles), desnudarla e imaginarse los peores escenarios posibles, incluso estar preparado para modificar profundamente la idea, antes de que ésta se gradúe hasta el ansiado escalafón de “oportunidad de negocio”.

A partir de este momento, la idea, como las personas, está madura. Y es a partir de aquí que hay que someterla a una serie de procesos metodológicos, que aseguren a creadores, productores y financiadores una posibilidad de éxito. Que no es poco.

Cuéntamela

Con esta única palabra pueden empezar a surgir los primeros conflictos. “Cuéntamela” implica más personas que la que ha tenido la idea, esto es: terceros. Entran en juego nuevos actores, y a pesar de la buena fe inicial y presupuesta de toda persona o grupo implicado en actividad de negocios es muy importante proteger la idea. De todos es sabido la escasa legislación y difícil ejecución de las directrices legales relativas a la propiedad intelectual, más aun cuando se trata de “intangibles”. Por ello hay que protegerse con medidas como contratos de confidencialidad firmados entre las partes implicadas.

Otra forma de protección añadida (aunque con muchas más funciones que ésta) es la formulación del plan de negocio de la futura empresa. De esta manera avanzamos en el proceso de transformación de idea-concepto-(metodología analítica)-REALIDAD y convertimos así un “intangible” en “futurible”. No es mucho, pero nos ayudará a protegernos contra apropiaciones indebidas, así como a lograr la financiación necesaria (si lo fuere) para nuestro proyecto.

Las ideas, a partir de este momento, no pueden sobrevivir sin números. Pero los números son esquivos cuando se habla del futuro, y los financieros lo saben. Es por ello que, de cara a la credibilidad de nuestro proyecto, estas cifras vengan sustanciadas por datos y previsiones que sustenten nuestro argumento (por lo menos entre tres y diez años).

No abundaremos en la definición de plan de negocio, aunque sí recomendaremos que sean hechos con mesura y hasta con cierto pesimismo, independientemente del entusiasmo que suscita su propia idea al creador. A los financieros les encanta.

Tan sólo recordar que la descripción del producto/servicio, mercado potencial y previsión de cuotas, análisis del consumidor y competencia, plan de mercadología, balances y cuentas de resultados, son elementos fundamentales de esta herramienta esencial para la “tangibilización” de nuestro proyecto.

Show me the money!

Si no tenemos la suerte de contar con una sustanciosa cantidad de dinero, nos toca ponernos el plan de negocio bajo el brazo y empezar a llamar a las puertas de una serie de gente y empresas que, dependiendo del grado y calidad de “ayuda” que necesitemos podrían resumirse en:

• Bancos
• Empresas de capital riesgo
• Socios finacieros / empresariales
• Incubadoras de negocio

De los bancos no vamos a decir nada que ustedes no hayan pensado ya, son una opción, muchas veces la única. Con lo que nos iríamos a lo que los americanos llaman VC (capital riesgo). Cuando hablábamos de los primeros años de internet, era curioso observar cómo iban apareciendo gente y empresas , para nosotros desconocidas, que, por primera vez venían a ofrecer dinero a cambio de ideas. Mucha gente, muchas empresas, dispuestas a llegar a donde hiciese falta.

Esta conspicuidad de los antes “esquivos” financieros se ha ido corrigiendo drásticamente con los últimos datos del sector, y les ha hecho más reacios y sobre todo selectivos a la hora de invertir. Hay que ser muy convincente además de contar con un buen plan de negocio para poder conseguir que nos ayuden. A partir de aquí, entramos en la negociación “cuanto por cuanto y cuando”.

Las asociaciones con otras empresas que tengan por objeto facetas distintas a la económica, también son una vía de progreso para la realización de nuestros proyectos. Al analizar las necesidades de la nueva compañía, nos encontraremos con otras compañías que pueden ofrecernos soluciones de toda índole y, por el contrario, otras que demandarán nuestros servicios. La explotación de sinergias interempresariales mediante la asociación (total, parcial, vinculante, proveedor preferente, etc…) es un camino frecuentemente utilizado en el sector tecnológico para explotar las potencialidades del medio en base a las especializaciones tecnológicas de cada una de las empresas, siempre dependiendo de la estrategia empresarial que hayamos definido en nuestro plan de negocio.

Una de las alternativas que nos ofrece el mercado son las incubadoras de negocios, donde se ofrece el capital tecnológico y de desarrollo de negocio necesario para producir el proyecto, a cambio de una participación.

Cómo último punto resaltar que se juegue con quien se juegue, en el proceso negociador no hay reglas lineales. Dependemos en gran parte de la originalidad de nuestro concepto, la calidad de nuestras investigaciones y análisis de viabilidades que la soportan y, por supuesto, de nuestro concepto estructural del negocio. Cuanto estoy dispuesto a “perder” frente a cuanto estoy dispuesto a arriesgar, y con suerte y buen hacer….ganar!. Los demás argumentos, financieros, será el propio mercado el que se encargue de juzgar y ponderar.

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